El teatro sonorense visto desde la frontera

Estamos en la frontera, en Nogales. Mucho  del  teatro  que  se  ha  hecho  en  los  últimos  diez  años  en  la  capital  no  lo  hemos  visto. Además, no somos jueces que vayamos a emitir un dictamen para que se libere o castigue a algún  inculpado. Se  pretende,  simplemente,  narrar  cómo  se  observa  desde  una  rendija  distante  el  acontecer teatral sonorense, exponer situaciones, posibilidades, rumbos. Es claro que el teatro sonorense ha evolucionado considerablemente en los últimos 20 años: antes  de  los  70  solamente  la  Universidad  lo  hacía  con  constancia  (Alberto  Estrella,  Jorge  Velarde);  aparte, nada más se veía por allí una que otra puesta, generalmente de tipo religioso o el teatro  que  hacían  algunas  agrupaciones  de  damas  y  que  no  era  tal,  pues  se  integraba  de  bailables, declamaciones,  cánticos  y  algunas  otras  habilidades  que  estas  damas  desarrollaban, siempre  a  beneficio de alguna asociación humanitaria. En los 70 surgen grupos nuevos, generalmente formados por chavos como Sótano’teatro y otros.  Aparecen directores como Sergio Galindo, Juan Reyna, Guillermo Garza Balandrano, Rubén Pérez  Vargas, etcétera. Nuestro teatro toma otras formas, empieza a pluralizarse. En Nogales, no se sabe con precisión de algún movimiento teatral antes de los 70, aunque sí hubo  edificios  teatrales:  el  teatro  Hidalgo,  que  existía  desde  el  siglo  pasado;  el  Sonora,  que  fue  reacondicionado  para  dar  cabida  al  comercio  Novedades Inn;  el  Obregón,  que  existió  desde  principios de siglo; el Cirilo’Ramírez; el Noriega, el Royal y el Covarrubias, de la escuela del mismo  nombre,  que  fue  construido  en  1930  e  incendiado  en  1967  (información  proporcionada  por  los  señores Adalberto Monarque  y  Javier Espinoza). Fue en este  último  donde las  carpas  de  Luis G.  Basurto y Manolo Fábregas pasaban largas temporadas presentando sus montajes, especialmente  durante la década de los 40. Como si la falta de los espacios fuera el requisito para hacer teatro local, a fines de los 60 Carlos  Calcáneo prende la mecha al formar el grupo Teatro’Experimental’Nogalense. Monta obras como  La’ hoguera  y  Nogales,  Frontera’ 69,  de  Miguel  Franco;  Nogales,’ Frontera’ 70,  y  la  más  exitosa:  Nogales,’ Frontera’ 73  y  Tres’ historias’ de’ amor’ y’ muerte.  Se  presentaba  en  el  Casino  Rotario,  ubicado en la planta alta de una mueblería, cerca de la plaza Miguel Hidalgo. Junto a él participó el  sacerdote Emanuel Contreras Cantúa, autor y director de Armiño’en’el’fango. A principios de los 70, Rosalba Romero integra el grupo Gaun; Gildardo León trabaja con el grupo  Teatro’ Experimental’ Motorola;  Irma  de  Salcido  hace  teatro  infantil  y  se  trabaja  con  el  grupo  Alondra. A finales de la década vino a radicar a esta frontera una pareja de egresados de la Escuela de Arte  Teatral  del  INBA  y  trabajaron  en  la  planta  baja  de  lo  que  era  Café’ y’ Arte.  Particularmente  montaban  obras  cortas  de  Chejov;  permanecieron  aquí  por  espacio  de  dos  años  y  después  se  fueron a radicar a Baja California. Ya  en  los  años  80,  se  forma  Reflejos  en  el  Instituto  Tecnológico  de  Nogales;  Rosalba  Romero  integra Gaunac; en 1989, Rubén Nava se inicia como director tomando el nombre del grupo con el  que trabajó Carlos Calcáneo. Últimamente se han integrado a la función de director Rubén Adrián Quiroz, con Teatro’Libertad y  ha vuelto Gildardo León, ahora con el grupo de Issstecultura. Desconocemos  el movimiento  teatral  de  otros municipios,  pero  sabemos  que  en  Agua  Prieta  lo  hizo  Antonio  Domínguez  y  lo  está  haciendo  Juan  Valente  Rivera.  En  Ciudad  Obregón  ya  tiene tiempo trabajando Carlos Valenzuela, y Alfonso Tahuilá hizo teatro infantil durante algunos años;  se hace teatro en San Luis Río Colorado, Caborca, Guaymas, Puerto Peñasco. El movimiento teatral se amplió (particularmente en Hermosillo) en los 80, paralelo a la creación  de la Casa de la Cultura de Sonora, ahora de Hermosillo. Llegaron directores y actores con más o  menos  estudios,  escuelas  distintas,  visiones  diversas.  El  mosaico  se  vuelve  multicolor;  surgen  grupos en grandes cantidades (llegó a haber más de 25 en el estado). Esto da oportunidad a que se  presenten  corrientes  muy  divergentes,  que  propician  un  teatro  que  abre  un  panorama  para  diversos tipos de públicos. Se  hace  desde  el más  tradicional  hasta  el  que  pretendía  ser  innovador.  El  teatro  parece  querer  dejar de ser casero, propio para parientes y amigos. Los medios de comunicación masiva prestan  atención a este fenómeno; surgen los intentos de organización; se reviven las muestras de teatro;  se exige mayor infraestructura; hay actividad por doquier, entusiasmo, dudas, vítores. Sin  embargo,  algo  no  funciona.  La  falta  de  preparación  profesional  de  los  teatristas  se  hace  evidente;  se  llega  a  un  nivel  y  es  difícil  superarlo;  no  hay  herramientas  que  abran  luz  a  nuevas  propuestas,  fundamentadas.  El  público,  el  que  creíamos  que  había  crecido,  se  muestra  en  su  verdadera dimensión:  salas  semivacías. Llegan las crisis, primero personales, después de grupos,  después… La búsqueda de ese algo que nos reconcilie con nosotros, con el público, con el teatro,  se vuelve obsesiva. Las#instituciones#de#cultura Nadie puede negar que en el estado haya instituciones dedicadas al fomento de la cultura: Casas  de  Cultura,  Universidades,  Direcciones  o  Coordinaciones  Municipales  de  Cultura,  Issstecultura,  Instituto Sonorense de Cultura… Todas han sido creadas para fomentar la cultura de la región y no  pueden  dejar  de  lado  el  aspecto  de  las  Bellas  Arte.  Es  de  ellas  la  responsabilidad  de  formar  profesionales  en  las  diversas  ramas  del  arte  teatral  proporcionando  al  teatrero  apoyo  real  para  especialización, recursos para las puestas en escena, espacios adecuados para  representaciones,  apoyo publicitario, una biblioteca de Arte con servicio de fotocopiado… Sin embargo, estas instituciones generalmente  no  tienen el  presupuesto  necesario  para los más  elementales  requerimientos de los  trabajadores del arte. Las altas autoridades gubernamentales  siguen  sin  darle  importancia  a  la  necesidad  de  desarrollo  de  las  Bellas  Artes  en  la  entidad,  considerando a éstas como algo superfluo, lejano a nuestra inmediatez. Aunado a esta realidad, lo primero que un gobierno recorta es el presupuesto a la cultura. Lo que  queda no se destina a apoyo a grupos o a la creación de infraestructura o a la especialización. Se  invierte en programar presentaciones de grupos (algunos de gran calidad, eso no se cuestiona) en  lugares  donde  no  existe  infraestructura.  Obviamente,  esto  no  forma  una  tradición.  En  eso  se  justifica el presupuesto y los grupos quedan relegados. Las  autoridades  culturales  del  estado  han  desatendido,  desde  siempre,  lo  relacionado  a  los  espacios  escénicos.  No  hay  teatros.  Si  bien  es  verdad  que  el  teatro  se  puede  dar  en  la  calle  o  cualquier lugar, no tiene necesariamente que ser así. No puede darse un verdadero desarrollo del  teatro  si  no  existen  lugares  especializados  que  permitan  al  creador  artístico  apoyarse  en  elementos  técnicos  profesionales  y  al  espectador  un  lugar  cómodo,  seguro,  con  las  condiciones  necesarias para ver un trabajo completo. Habría que apresurar el paso. Tal vez podamos ver. Organización#de#los#teatreros#sonorenses Posterior a la creación de las muestras regionales de teatro (en Sinaloa) y aparejado a las Muestras  Estatales, surge el intento de organización de los teatros sonorenses. Se integra la Asociación Estatal de Teatro en 1985, coordinada por Óscar Castañeda y Rubén Pérez  Vargas.  Intento  que  queda  en  gestación.  Se  deshace,  nadie  saber  por  qué,  pues  la  semilla  allí

 

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